GAINTZORROTZ, UNA EXCURSIÓN PASADA POR AGUA

DIBUJO A PLUMILLA DE ANTONIO FERRER

 

Gaintzorrotz de Bernagoitia en la Sierra de Aramotz.
Amaneció con un cielo encapotado, tristón, con todas las trazas de un día clásico de sirimiri.
Sin embargo nos animamos a realizar esta excursión con la impresión de que el tiempo mejoraría, con el correr de las horas hacia el mediodía.
Si Arrinda nos hubiera dicho lo lo que iba a suceder, creo que ni hubiéramos intentado levantarnos tan temprano de la dulce cama.
Pero Arrinda predice el tiempo y no es montañero y nosotros somos montañeros y no podemos predecir el tiempo, contrastes de la vida.
Con unos cuantos camaradas, salimos muy de mañana en el tranvía de Durango hasta Euba, apeándonos despues de más de una hora de viaje, en la curva del puente, cerca de la estación del ferrocarril.
Allí mismo a la derecha del caserío que se halla al frente según veo de Amorebieta, comienza la carretera de Bernagoitia, que se halla en un altozano a mitad del camino, aproximadamente, entre Euba y nuestro monte.
Esta situado el Gaintzorrotz en la llamada Sierra de Aramotz, que corre paralela a la carretera de Lemona a Durango, osea en dirección O.E. y separa los valles de Arratia y Amorebieta y Durango.






En su seno se encuentran las cumbres de Aramotz, Urtemondo, Kañometa, Belatxikieta, Gaintzorrotz, los gemelos de Artatzagan, Leungane y Mugarra, componiendo un imponente macizo calizo de complicada estructura y peñascales angulosos de idéntica formación al intrincado formación de Itxina en Gorbea.
La carretera de Bernagoitia atraviesa la vía del F.C. de Durango y luego en múltiples curvas ya remontando una  de las vertientes que sobresalen del macizo en dirección Norte hasta elevarse al primer crestón donde se asienta el poblado citado.
A corta distancia antes de llegar al pueblo y a la mano izquierda de la carretera se une a esta calzada bien conservada llamada Berna, que parte de la carretera de Durango y después de seguir un rato por la barranca de Bernagoitia, toma monte arriba, por la ladera derecha, izquierda del monte y alcanza en corto rato el lugar antes citado.
Esta barranca es en extremo pintoresca y tiene varios caminos que deseo conocer y que serán objeto de algún comentario en tiempo oportuno.
Apenas pasado el pueblo, el agua hace su aparición en forma de pequeño aguacero, que nos permite caminar  por el camino bien delineado que sigue un rato por un collado y se interna más tarde en un hermoso bosque de pinos de gran extensión siempre dando vista a la barranca y aparece un descampado de alguna inclinación.
Al frente tenemos unas pequeñas rocas que sobresalen de la gradería y es donde tiene asiento una chavola invernal de ganado, que nos cobija un rato mientras comentamos esta subida, lo hermoso que hubiera sido con buen tiempo.
Fuera la lluvia pertinaz sigue cayendo monótona y salpicando en las piedras del suelo, desde lo alto de las canaletas del tejado, todo es gris y la niebla nos vela el paisaje peñascoso que tenemos al frente y la cumbre que buscamos.
El aire corre de una puerta a otra sin encontrar resistencia alguna, pues la cabaña carece de ellas y como hace "baroji" decidimos continuar después de comprobar con la brújula la dirección S.O. del pico que ya habíamos visto desde Bernagoitia.
Esta segunda etapa  se efectua bajo la lluvia, que continúa azotándanos, tomamos el rumbo  y rápidamente por senderos inverosímiles llegamos entre la niebla a la parte más alta.
No estamos seguros de que sea esta la cumbre, hacemos pequeñas incursiones al Oeste, comprobando que descendemos, volvemos hacia el S.O. y también apreciamos descenso, registramos al Sur y hallamos una cresta rocosa con algunos árboles que tampoco es mas alta que la que habíamos escalado.
Con esto damos por terminadas las pesquisas y por cerca de una corraliza volvemos de grupas a tomar el camino de la chavola de Arrieta.
Observamos nuevamente la brújula  y una vez en buena dirección, tratamos de volver por el mismo camino, consiguiéndolo plenamente, pues pudimos encontrar a la vuelta de un chaleco de lana perdido por uno de los nuestros a la subida.
Un rato más y entramos calados los pantalones y pies en la chavola para ver la hora y luego descendimos rápidamente a tomar el tranvía para Bilbao, mientras yo tomo el tren para ir a ver el partido de pelota de los Atano.
He aquí el resumen de una excursión pasada por agua. Más no ha sido infructuosa ya que he podido comprobar una vez más la eficacia de la brújula en la niebla cuando de antemano se ha tomado la verdadera dirección y que gracias a ella hicimos la excursión sin tropiezo alguno, sin tanteos, ni pérdidas de tiempo, que en aquellos momentos suponían mojarnos más.
Además saqué otra conclusión y es que el montañero debe fijarse en cuantos detalles le chocan, ya en el camino, ya en las rocas o accidentes del terreno, pues luego nos sirven de orientatción.
A la subida pudimos ver a dos caballos muertos a cierta distancia el uno del otro, así como otros detalles que luego nos facilitan el descenso de tal modo que a la vuelta pasamos junto a ellos, encontrando el chaleco perdido.
Antonio Ferrer, el Hombre de las Cavernas 7 de marzo de 1929, periódico Excelsior.



ABRUMADOR



FIN
Archivo del Club Deportivo de Bilbao.






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