miércoles, 16 de febrero de 2011

DOÑA PEPITA,La del Kiosko del Arenal

Doña Pepita en su kiosco año 1923,del archivo de la Diputación Foral de Bizkaia


De ninguna manera,nos contesta Pepita.Cuanto se iban a reír el Araña,Melquíades y la Lechuza si vieran mi retrato en el periódico,porque aunque todos me respetan,porque yo he sido buena para todos,les gusta hacerme rabiar.
Josefa Lloret y Sals nació en Valencia el año 1841.Vino a Bilbao  muy chiquitina,contaba solamente dos años,con su padre José Lloret,que se dedicaba a la venta de chufas y cacahuetes por las calles céntricas de la villa.
Pepita es una figura interesante en la historia contemporánea de Bilbao.
Todavía,a pesar de su edad,recuerda fielmente los episodios más importantes desarrollados en la invicta villa durante setenta años.
Hay un motivo de actualidad para esta interesante mujer,cuya popularidad es bien conocida,el traslado de su kiosco,en donde paso treinta y seis dedicada a la venta de periódicos y golosinas para las criaturas.
¡Cuantas cosas he visto yo en Bilbao!empieza diciendo Pepita.Todavía no he podido olvidar y lo recuerdo como si fuera ayer,las cosas que nos hicieron los carlistas durante el sitio.Vivía yo con mis padres en Tívoli y tenía que venir a Bilbao a recoger los comestibles que nos facilitaban.Era muy poco,lo estrictamente indispensable para el día.
Una de aquellas mañanas desde Mallona,arrojaron una granada.Pasaba yo junto a un carabinero,la granada traía las dirección en que nos encontrábamos,me agarró el carabinero para entrarme en un portal en el preciso momento en que el artefacto explotaba segándole la pierna derecha al pobre hombre.
Por entonces habían cerrado desde la calle de la Esperanza hasta el corte de la ría,y en la muralla habían dejado unas troneras para apuntar con los fusiles a los carlistas.Por la noche,los soldados de Caballuco llegaban hasta San Agustín,y decían:¡Liberalotes,hijos de puta,ahí va Moriones!, y empezaban a disparar.
El día de San José,bien me acuerdo,un tal Porset que vendía tabaco en la calle Correo,donde ahora esta la casa de cambio,y que era un carlistón tremendo,llegó montado a caballo con otros carlistas hasta el Tívoli,donde vivíamos nosotros y dispuso que todos los vecinos fuéramos trasladados a Olaveaga,autorizándonos para que pudiéramos trasladar los colchones hasta las nueve de la noche.Nos acomodaron en la casa de un tal don Manuel.Junto con él había una mujer carlista que decía:A estos liberalotes los vamos a emplumar,y cuando entremos en Bilbao,la tienda del valenciano,esto lo decían por la tienda de mi padre,la vamos a saquear.

Cuando cesó el sitio volvimos desde Olaveaga a mi casa de Tívoli,que la encontramos completamente desmantelada,pues los carlistas se habían llevado todo.¡Ah! se me olvidaba decirle que cuando estábamos en Olaveaga,un día la corriente se llevó la barca del rey Carlos VII,y casi todos los vecinos acudieron a tirar de las cuerdas,menos mi padre y esto pudo costarle el que le fusilaran.
¿El mayor sobresalto de mi vida?
Pues se lo voy a decir.Después del sitio de Bilbao vino Isabel II con su hijo el futuro rey don Alfonso XII,que tendría por entonces unos doce años,hospedándose en el Instituto Vizcaíno.Una mañana sin más escolta que el alcalde,me parece que era un tal Orbegozo,la reina y su hijo iban en coche por San Agustín,camino de Olaveaga.Se había congregado mucha gente que daba vivas a su paso a la reina y cuando Isabel II pasó junto a nuestro lado,un loco se tiró desde un segundo piso,con las manos agarradas a las piernas y no se hizo nada.
La reina y su hijo se impresionaron mucho.Yo lo aprecié bien porque iba junto al coche y escuché como Alfonso XII le decía a la reina:"Que gente más buena hay en Bilbao,mamá".
Yo trabajé desde muy niña.Cuando murió mi padre sabía ganarme el sustento,y con los ahorros de mi trabajo levanté ese Kiosco en donde treinta y seis años día por día me he dedicado a la venta de periódicos y chucherías para los niños.
¿Usted fabricaba dulces los dulces que vendía? le preguntamos
No señor,nos responde.Yo he sido algo tonta,por eso no tengo más dinero pero estoy satisfecha;tengo la conciencia tranquila porque no he envenenado a nadie.Por eso me quiere tanto la gente de Bilbao.
Todo lo mejor se vendía en mi kiosco.No quise nunca comprar pasteles fabricados con sacarina y sebo,ni otros mejunjes peligrosos,aunque me los ofrecían más baratos.Yo siempre a lo bueno y si no fía usted en mi palabra pregunte en las mejores tiendas de Bilbao y vera como le dicen que esto es verdad.
¿Y durante treinta y seis años ha estado en el kiosco?
Sin perder un solo día.Esta es mi casa,aquí consagrada al trabajo he pasado los últimos años.Ahora mis hijos y mis nietos ya no me dejan trabajar,pero yo no puedo vivir sin pasar el día bueno o malo que yo no le temo al frío ni al agua,en mi casita de madera,que tiene para mí tantos recuerdos.
El rostro de Pepita arrugado por los años,dibuja una sonrisa.
¡Cuantas cosas he visto y he oído desde el interior de esta tienda de madera! Antes cuando yo era joven ponía  el oído en las conversaciones pero ahora ya no me interesan.Desde mi escondite he visto muchas escenas alegres y tristes,señoritos que perseguían a las mozas,novios entusiasmados,enamorados que regañaban,devolución de cartas y regalos,estrenos de trajes.Ahora abundan tanto estas cosas,que ya no llaman la atención a nadie,porque según dicen estamos más civilizados.
Usted ya sabe continua diciendo Pepita con expresión fácil y correcta,que los domingos el paseo de la tarde en el Arenal está muy concurrido.Allí señala con el dedo,en el segundo paseo se reunen las criadas y los soldados y en este otro dando frente a San Nicolás,la aristocracia de la pobreza,muchachas muy guapas casi todas ellas casaderas.
Todos los días caía  por aquí un señor,ya muerto el pobre a quién pusimos el mote de:Palomo,porque giraba entorno a todas las muchachas y no se escapa ninguna sin alguna miradita y a la postre ninguna le hacía caso.A pesar de los desaires volvía todas las tardes.Pues ahora los Palomos vienen a docenas.Hay algunos muy pesados,esos que llamamos "vigas",que se colocan frente al kiosco,y no les mueve ni un cañonazo del cuarenta y dos.Gracias a que los días festivos,el alcalde tuvo el acierto de mandar un guarda para que los "viga" circulen y no interrumpan el acceso a nuestro establecimiento.
¿Ha ganado mucho dinero,Pepita?preguntamos
He ganado,nos responde lo suficiente para ir viviendo,pero no tanto como la gente supone,parque hay quien cree que tengo más millones que Gandarias.Ojala y así fuera,para poderles dejar un bonito capital a mis biznietos.Porque sepa usted que tengo tres biznietos.
¿Le perjudica el traslado del kiosco al sitio en que hoy se encuentra?
Ahora por el momento mientras realizan las obras,la venta disminuye bastante porque no se puede cruzar de uno a otro lado,aunque no puedo quejarme del público bilbaíno que es muy bueno.Los parroquianos se acuerdan mucho de Pepita y aunque les produce alguna molestia se acercan al kiosco unos a comprar periódicos ilustrados,otros diarios,los chicos adquieren revistas con monos,y la niñeras esas no fallan,son puntuales porque saben que yo vendo los mejores merengues y pasteles de Bilbao.Le voy a referir un detalle que demuestra la bondad de los productos que yo tengo a la venta.
Casi todas las niñeras tienen la costumbre,que yo alabo y que sin duda responde a una orden de las señoras,de probar los merengues antes de dárselos a comer a los niños,porque de esta manera pueden apreciar si estan buenos o malos y si no están en condiciones,los niños no los prueban.Días pasados vino una novicia o novata,como usted quiera decir y compró un merengue.La criatura que llevaba en brazos quería apoderarse de la golosina,y la niñera fiel a la costumbre establecida en la profesión,clavó los dientes en el merengue y tan bueno estaba que lo devoró en un santiamén.
¿Cuando instala el nuevo kiosco?
Pronto tendrá que ser.El Ayuntamiento exige que los nuevos establecimientos estén en armonía con las reformas que se realizan al embellecer esta parte de Bilbao,ensanchando la vía pública,los kioscos tienen que ser más artísticos,más elegantes.Para lo que yo voy a vivir ya me podían dejar en este que tiene para mi tantos recuerdos.¡Si usted supiera el dolor que me produce separarme de estas tablas!
Y al pronunciar esta última frase el rostro de Josefa Lloret,la popular Pepita,cuya vida encierra un capítulo de la historia de Bilbao,se entristece.
Estrechamos la mano de la octogenaria,y al despedirnos repite sus primeras palabra:
Que no salga en el periódico porque se van a reír el Araña,Melquiades y la Lechuza.
Tres años después con la reforma del paseo,la arrojaron de su puesto en el Arenal pero ella no se va de allí.No quiere enjaularse en el kiosquín que le han cedido en el puente,donde no puede respirar,donde se ahoga,acostumbrada como está a permanecer los días enteros al aire libre durante años y años en su antiguo puesto,por el que desfilaron tres generaciones de bilbaínos.Varias semanas ha permanecido largas horas la vieja Pepita en un banco cercano al lugar donde se hallaba su pabellón de periódicos y chucherías,llorando con amargura.Ahora se sienta a la entrada del paseo,a vender trigo a los protectores de las palomas.Sus hijos quieren alejarle de allí,recluirla en casa,pero no lo consiguen.
Ella quiere estar en su Arenal,más suyo que nadie,donde ha pasado toda la vida y donde de seguro querría ser enterrada.
Su padre se llamaba José Lloret Castelló,murió en Begoña,el día 10 de Octubre de 1882.
El Noticiero Bilbaíno,17 de Noviembre de 1923-Enrique Guzmán

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